El término docente, en función de sustantivo, comúnmente lo utilizamos para hacer referencia a una persona que “enseña”;sin embargo, cabría indagar realmente lo que implica ser docente sin limitar dicho término a sólo impartición de clases.
La palabra clave para describir las diferentes implicaciones, responsabilidades y tareas docentes, será: capacidad. La capacidad implica todas aquellas aptitudes y cualidades que el profesional en educación deberá poner en práctica en el intento de ejercer su quehacer profesional, fungiendo éstas como herramientas en dicho proceso.
Pero ¿Cuáles son aquellas aptitudes que se necesitan para ser un buen docente?
He decidido utilizar dicha pregunta debido a la constante insistencia por encontrar su respuesta. Primeramente, cabe resaltar una subjetividad implícita en un calificativo que difícilmente logaremos descifrar; sin embargo, de acuerdo con las exigencias actuales podemos construir un acercamiento con base a un análisis de los elementos que conforman al ser docente sin necesidad de enumerar por ahora aquellas cualidades y buenos deseos en el marco educativo. Hablemos entonces de la Vocación:
Un componente de importancia considerable en el desarrollo del ser docente. En definitiva, la vocación es el elemento que conducirá a una edificación de filosofías, ideales y ejes conductores. Su función será la generación de impulsos y motores los cuales se verán reflejados en el interés y el compromiso hacia dicha profesión, y de cierta manera en la eficacia de los diferentes métodos y rutas utilizadas en el ejercicio profesional.
Ésta engloba el deseo de incursionar en la vida del alumno, de revolucionar su visión, de generar cambios y lograr que éste se apodere de nuevos conocimientos; que logre transportarlos a diferentes situaciones y que sobretodo se encuentre en constante desarrollo y crecimiento.
Sin embargo, pese a todo lo antes descrito, la vocación no es suficiente en la descripción del ser docente. La formación es otro elemento a abordar, el cual de igual manera posee suma importancia.
Éste otro elemento implica el contar con las herramientas suficientes para encaminar a la vocación. La formación comprende todos aquellos conocimientos que brinden un sustento a la tarea docente, comprendiendo desde aspectos de formación social, educativa, profesional y pedagógica.
Cada uno de estas secciones son las que brindan sentido a la práctica docente ya sea intencionalmente o no. El profesor funge en todo momento como ejemplo a seguir para los alumnos, y por tanto cada una de sus acciones (resultado de su desarrollo como individuo, ser social, profesionista y maestro) repercutirá de una manera significativa en el desarrollo del educando.
Mínimamente se espera que el profesor sepa y conozca el material que está impartiendo, esto tiene que ver con su aspecto formativo profesional, el cual englobará el conocimiento de tipo teórico y práctico con referencia a la materia, disciplina o actividad que éste enseñe. Aunado a esto la manera en la que el material sea enseñado servirá como medio de posibilidad para facilitar procesos de aprendizaje de acuerdo a las diferentes condiciones de la población educativa, y entonces hacemos referencia a la formación pedagógica del profesor, sirviendo de trasfondo en la metodología aplicada.
Ahora bien, si hablamos en cuanto al ambiente educativo, relación profesor-alumno etc., resaltaremos además la importancia de la formación social humana del docente, que se verá reflejada en la transmisión y manejo de valores por parte del profesor.
Con todo lo antes mencionado, podemos decir entonces que en definitiva la formación del docente será un elemento clave para su desarrollo profesional, aunque si se trata de brindar un valor cuantitativo a estos dos elementos de los que hemos hablado, recurramos entonces a mencionar de manera un poco más descriptiva, algunos aspectos ideales dentro del marco educativo.
En la primer parte de dicho texto hacíamos mención sobre una palabra de suma importancia: capacidad, y es en ésta palabra donde encontramos sustento a las siguientes afirmaciones:
El docente debe ser capaz de manejar y comprender el material que está impartiendo, capaz de moldearlo de tal manera que logre acomodarlo de acuerdo a las necesidades de cada alumno; debe tener la capacidad de ser flexible y espontáneo para evitar enfrascarse en sólo ciertos métodos que aparentemente sean funcionales pero que en realidad terminen por excluir a unos cuantos; debe ser capaz de implementar mecanismos de diferenciación que le permitan comprender de una manera más directa y personalizada a su población educativa, y que de acuerdo con esto trabaje en beneficio de ella; conducir la enseñanza más allá de sólo conocimientos o aprendizajes teóricos, sino generar en el alumno una visión y perspectivas diferentes, que les permitan reflexionar, cuestionarse e indagar sobre diferentes problemáticas o situaciones: que sea capaz de generar aprendizajes con significados y sentido para así lograr crear conexiones entre estos y los conocimientos antes adquiridos; que sea capaz de mantener una constante motivación pero sobretodo de generar cambios positivos.
Las anotaciones anteriores cumplen la función de ser afirmaciones reunidas en un conjunto de ideales para el ambiente educativo. Ahora bien, tomándolas como punto de partida para continuar con nuestro análisis subrayamos la presencia constante de la formación como elemento importante y necesario en la tarea educativa del docente.
Concluimos entonces que la vocación será el estímulo que permita al docente generar interés y quizá de cierta forma la facilidad de encontrarse en la constante búsqueda de medios que faciliten y enriquezcan su quehacer educativo. La formación será entonces el medio para encaminar a ésta vocación, lo que permitirá lograr todo aquello que se tenga en mente y lo que facilitará y consolidará el proceso.
No con esto quiero negar la importancia de la vocación, obviamente es importante que el docente la tenga y se encuentre atraído por su profesión, es sólo que no es suficiente. Es momento de que el profesional de la educación de deshaga de metodologías basadas en “sentido común”, que continuemos con la falsa creencia que dar clases es sumamente fácil y que para ello no se requiere nada más que el amor o el gusto por impartir clases; implica un comienzo por valorar y dar a valorar nuestra profesión e impulsar un constante desarrollo a nivel científico de la misma.
Después de construir un marco justificable con referente a mi experiencia personal en el rol de alumna y maestra. Concluyo brindar un porcentaje de:
100% Docente: -----70----- % Formación -------30--------- % Vocación
Anteriormente he explicado las razones por la cuales considero que la formación del docente tiene un peso mayor a su vocación.
Como hemos visto, el enfoque por el que he tomado a la formación ha sido mucho más amplio del sólo incluir aspectos profesionales; la formación implica elementos desde un ámbito de educación informal, no formal y formal. La manera en la que nos desempeñamos no sólo en una sociedad educativa, sino en general, tiene que ver mucho con nuestro bagaje y cada una de las experiencias a lo largo de la vida.
En una clase no sólo aprendemos conceptos teóricos, conductas, actitudes o movimientos; nuestro aprendizaje va más allá y la formación del docente también implica un valor humano.
La docencia por pertenecer al rubro de las ciencias sociales debe estar sustentada en el conocimiento científico (en éste caso de pedagogía, psicología y didáctica) avalarse y encontrar apoyo de otras ciencias tales como la sociología y la filosofía para su desarrollo. ¿Qué caso tendría entonces encontrar el origen de su desarrollo en conexiones con especialidades distintas, si sobrevaloráramos a la vocación docente?
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